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EL AMBULATORIO INMIGRADOS: el por qué de una elección
El creciente incremento de inmigrados en nuestro país ha hecho emerger el problema del tratamiento y el control de enfermedades infecciosas transmisibles, representadas por las clásicas enfermedades sexualmente transmitidas (EST) y de la infección de VIH.
En la población inmigrada la aparición de EST casi siempre está relacionada con condiciones de pobreza y de deterioro; resultados semejantes son visualizados por otros países de área industrializada en los que la gradual disminución de los EST en la población en general se ha visto acompañada por un neto incremento entre las minorías étnicas.
En el U.O.a Enfermedades Infectivas B del Hospital Amadeo de Saboya ha sido activado un ambulatorio dedicado a la población inmigrada y dirigida al tratamiento de patologías infecciosas transmisibles: el trabajo de campo y el intercambio entre quienes operan en el mismo sector, ha hecho evidente cómo sólo la intervención médica no es suficiente para transmitir al paciente el conjunto de conocimientos necesarios al management de su enfermedad, sea en el tratamiento, como en el control de su difusión.
De aquí ha nacido la iniciativa de acercarle al médico voluntarios y mediadores culturales, preparados para que, de modo formal, intervinieran en el ámbito de la prevención y de la educación para la salud, elementos indisociables de la misma terapia y, mientras tanto pudieran llenar el vacío representado por las diferencias étnicas y culturales que, en todo caso, tienen un papel determinante en condicionar los diferentes comportamientos humanos.
En el ámbito de los EST y la infección de VIH en población inmigrada muchos factores pueden condicionar el fracaso de los programas de terapia - prevención; marginación, dificultad de acceso a las estructuras sanitarias, mobilidad, escaso conocimiento sobre los problemas de la salud, incapacidad de comenzar la terapia, pueden hacer impracticable cualquier iniciativa. La relación médico - paciente es difícil de construir; a la falta de tiempo disponible a menudo se asocia una escasa aptitud en la promoción de la salud de parte del médico, y, no menos importante, la incapacidad de comunicar por el desconocimiento de la lengua y por profundas diferencias culturales.
En el ámbito de la prevención, cada intervención tiene que ser contemplada a la tipología del paciente, a su grado de riesgo infectivo y debe tener en cuenta factores psico - sociales que pueden condicionar comportamientos de riesgo.
La literatura es rica en experiencias con este fin, valoradas en países en desarrollo y, por tanto, en un contexto completamente diferente de aquel observable en nuestro país en que la patología es casi siempre relacionada con el fenómeno de la prostitución. La prevención es por lo tanto difícil, el seguimiento es posible sólo cuando persiste la sintomatología clínica aunque, al menos en nuestra experiencia, la adhesión al tratamiento mejora con la modificación de condiciones socio - económicas y cuando el inmigrado aprende a administrar su propio problema de salud.
Responsabilizar al paciente es el principal objetivo a alcanzar en un programa de prevención dirigido a poblaciones inmigradas; el transmitir conocimientos y capacidad decisionales requiere tiempo, paciencia, sensibilidad al problema. La estructura pública no puede sustraerse de este empeño; los recursos son escasos, pero existen potencialidades que deben ser buscadas porque representan un necesario complemento a una tarea hasta ahora exclusivamente de tipo médico.
El empeño y los efectos en el tiempo de un programa de prevención deben ser valorados sea bajo la óptica de los costos como de la calidad de los resultados alcanzados; esto permitirá en el futuro intervenciones dirigidas al ámbito de la programación sanitaria.
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