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Retiros espirituales, Casa de Ejercicios
Su actividad en la predicación de los ejercicios, aunque ejercitada durante toda su vida de ministerio apostólico, conviene hacerla notar desde el principio, pues él la consideró siempre como fundamental y sólidamente provechosa. A pesar de las múltiples ocupaciones y obligaciones, siempre buscaba tiempo y forma de atender a las continuas peticiones que recibía: jóvenes de colegios secundarios y universitarios, empleados, señoras, el clero secular y regular, no sólo de la capital, sino también de las principales ciudades de provincia.
Esta convicción suya lo llevó muy pronto a pensar en la construcción y funcionamiento de una amplia y acogedora Casa de Ejercicios, que con dinámico fervor llevó muy pronto a la realidad. La quiso junto a la parroquia y a la casa de formación (novicios y juniores) de los jesuitas en el entonces llamado pueblo de Marruecos, la que también en gran parte se debe a sus desvelos.
Ambas casas convirtieron ese sitio en centro de vida espiritual y de semilla y fermento apostólico, razón por la cual lleva ahora merecidamente el nombre de PADRE HURTAD0.
Entre las innumerables tandas o cursos de ejercicios se hicieron pronto famosos, por el número y fervor de los oyentes, las predicadas en Semana Santa. Las 70 piezas individuales de la Casa de Ejercicios, más las 40 ó 50 que los jóvenes jesuitas (novicios y estudiantes) cedían a ese objeto, no bastaban, y con frecuencia se hubo de habilitar salones con colchones para satisfacer los pedidos de hasta 200 jóvenes, ansiosos de oír la palabra de un sacerdote que dejaba traslucir patente el genuino apóstol de Jesucristo. Esto es lo único que puede explicar el número y presión de las solicitudes, y el que este entusiasmo se repitiese año tras año.
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Vocaciones religiosas y sacerdotales
En sus cursos de ejercicios, o nacían o se decidían muchas vocaciones, que, como dijo Monseñor Manuel Larraín en su oración fúnebre, no eran fruto de una "pesca" del Padre, sino el efecto de la irresistible atracción de un hombre de Dios, que vivía lo que predicaba su palabra, brillante y atractiva, no tanto por su elocuencia literaria, sino por la sinceridad y el fervor.
Se podría redactar listas de estas vocaciones, que han realizado y realizan una multiplicada acción sacerdotal. El mismo, en algunas cartas confidenciales al Superior, pone listas, distinguiendo las vocaciones provenientes de colegios de jesuitas de otras fuentes, como, asimismo, los ingresados a la Compañía o al Clero Secular.
El problema vocacional lo obsesionó desde el principio, por la impresionante falta de sacerdotes: hizo estudios, estadísticas, y a primera obra (opúsculo) que escribió fue precisamente sobre este tema LA CRISIS SACERDOTAL EN CHILE (Editorial Splendor, Santiago, 1936, 27 páginas). Años más tarde, y en forma más general, publicó otro opúsculo sobre LA ELECCION DE CARRERA (Editorial Difusión, Buenos Aires, 1943, 111 páginas).
Hasta sus últimos meses de actividad, y a pesar del cúmulo de trabajos que absorbían su tiempo y atención, hacía paréntesis era no rechazar corridas de ejercicios: estaba persuadido de su eficacia y veía y palpaba sus consoladores frutos.
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