Recuerdos del padre Alberto Hurtado.
Parece que 56 años no son nada, cuando la claridad de la evocación se hace patente, como si fuera ayer, como si ocurriera recién hoy…recordar el primer encuentro con el padre Hurtado, (así le dijimos siempre) fue en su oficina , en la antigua ASICH, frente a San Ignacio. Vuelvo a sentir sobre mi, el brillo de su mirada atenta, la fuerza que emana de su frente, levemente contraída, todo en él irradiando ese afecto calido y acogedor que facilita el vaciarse de inquietudes y congojas, de expresar de una vez las punzantes interrogantes de mis difíciles 18 años. A medida que hablaba, el alivio y la tranquilidad iban sosegando mi alma. De parte de él, no salía una palabra, asentía en silencio, sin dejar de clavar su mirada atenta en mis ojos… a ratos una suave sonrisa confirmaba mi confianza y la apertura lo hacía más fácil, como nunca lo había sentido antes. El silencio se entrelazaba con la penumbra de la oficina, como invitando en secreta complicidad, a la confidencia sin barreras.
Era la primera vez, que experimentaba hablando con una persona mayor, con un sacerdote y casi sin darme cuenta, hablaba de mi interior más profundo, con total transparencia, tanto mió hacia él, como de él hacia mi. De su parte sí, no salía ni una palabra, asentíaen silencio, sin dejar de mantener su mirada brillante alentando con atención esa verdadera oleada que salía de mi interior, como de un tranque contenido por mucho tiempo. No dejaba de asombrarme de mi mismo, ya que ni con mi santa madre viuda, ni con mi hermano mayor, ni con mis amigos o amigas, ni con pariente alguno nunca me había sentido así. Ahora ya ha pasado el tiempo, casi 57 años y esta de nuevo allí, tan fresca la imagen deaquel sacerdote santo, su sonrisa alentadora su enorme capacidad de escuchar su palabra sabía y oportuna…ahora entiendo mejor a los de Emaus como “ sentían arder su corazón”, ahora comprendo de donde partía esa fuerza irradiante, parte del caminar ignaciano, parte de la vehemencia del apóstol enamorado de Cristo. La mirada tan querida del padre Hurtado, se hace más nítida hoy, para decirme que me sigue escuchando, pero ahora mostrándome a Jesús, al que ambos hemos seguido, santo padre Hurtado acompáñame siempre tras las huellas de Ignacio en seguimiento de ese Jesús, que tu me enseñaste a conocer. Así sea.
Padre Luis Palavicino sj
Valparaíso 28 de Abril del 2005 |